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Nos cuesta compartir, aún tenemos ese miedo de sentarnos junto a nuestra competencia.

Sí, me voy de congreso, y qué pasa…. Es algo normal, útil, necesario… No soy un bicho extraño que quiere perder el tiempo y el dinero sin motivo alguno. Todos los sectores profesionales acuden a seminarios y congresos, desde médicos hasta informáticos, profesores, investigadores y, por qué no, el sector del bricolaje y ferretero. Formarse es útil, saludable y sobre todo necesario. ¿Es que acaso ya lo sabemos todo, es qué no necesitamos ver cosas que se hacen en otros lugares y aprender de ellos?

En ocasiones da la sensación de que el mundo de la ferretería y el bricolaje es una isla autosuficiente, que no necesita de evolución, de regeneración. Por desgracia es una idea muy asumida, si bien parece que poco a poco va cambiando.

Y digo poco a poco porque este mundo ferretero a veces puede parecer uno de los sectores más cerrados –si no el más– a avanzar. Nos cuesta mucho escuchar y compartir, aún tenemos ese miedo de sentarnos junto a nuestra competencia. Es como si esa bata azul que muchos aún llevan fuese la capa de súper héroe que les protege y aísla de todo.

Sin embargo, son innegables los beneficios del intercambio, de colaborar entre todos y ver qué cosas nos unen con el resto de nuestro mercado. Porque tenemos muchas más cosas en común con la ferretería del pueblo de al lado que con una gran superficie de la ciudad, que es realmente nuestro principal competidor.

Pero sobre todo, la pregunta que debemos hacernos es qué podemos aportar en estos congresos y reuniones, si somos meros observadores o bien queremos ser actores que puedan dar vida y sentido a iniciativas de valor. Hay que ir más allá de una simple escucha. Hemos de abrir la mente y abrirnos a ideas nuevas, para que podamos aplicar en nuestro sector aquello que va bien en otros. Se trata de evolucionar juntos, de unirse para ‘hacer fuerza’.

Vale que a veces podemos pensar que el ponente de turno es un muermo… pero puede que él también lo piense de nosotros, hablando frente a tantos dinosaurios que no miran nunca hacia delante, condenados a extinguirse por inmovilismo.

Para vender también hay que formarse, conocer técnicas nuevas, dado que el consumidor evoluciona permanentemente. La venta es un mundo apasionante, vivo, activo. Igual que un médico no para nunca de formarse, el ferretero tampoco debiera hacerlo. Él es el médico de cabecera de nuestros hogares, el especialista en reformas, en trabajos de pintura, en los problemas con nuestro baño… Él es quién nos ha de prescribir qué hacer en cada caso, qué medicación hemos de aplicar. Entonces aprovechemos cada posibilidad, cada instante que el mercado y el sector nos brinde para ser más y mejores profesionales. No vayamos a ese congreso anual como a la cena de ex alumnos, para cumplir con el expediente o por el aperitivo del final.

De ti depende si perder un día de trabajo o invertir en el buen hacer de tu negocio. De ti depende aprender, participar, mejorar, o bien dormitar y revolverte en tu silla de esa larga conferencia que no te interesa.

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