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Artículo de opinión de Manuel Martínez, director general de DEINSA

El equilibrio generacional en el trabajo, fuente de valor también para el sector de la seguridad laboral

La mano de obra en Europa está envejeciendo. El pasado año, la tasa de empleo de trabajadores de más de 55 años se situaba en una media del 55,3%, mientras que en 2007 apenas superaba el 44%, según un informe del Instituto de Estudios Económicos (IEE) a partir de datos de Eurostat. Entre los países europeos que mayores tasas de empleo de trabajadores mayores registran se sitúa Suecia, Alemania y Dinamarca.

Está claro que la veteranía es un grado que se valora. Y, según mi experiencia, diría que incluso más, si cabe, en un sector como el que nos ocupa en DEINSA: el de los Equipos de Protección Individual (EPIs) y la seguridad y la salud en el trabajo. Sin olvidar por supuesto el retraso en la edad de jubilación que se está produciendo en muchos países de la Unión Europea a consecuencia de la crisis económica que ésta viene atravesando desde hace ya varios años.

Tan manifiesta se revela esta realidad que la propia Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo ha activado una campaña, denominada “Trabajos saludables en cada edad”, que se articula en torno ella. Y cuyo objetivo fundamental no es otro que promover la seguridad y la salud a lo largo de toda la vida laboral en el contexto de una mano de obra que envejece.

Al mismo tiempo, y de forma simultánea, el mercado de trabajo va absorbiendo también mano de obra nueva. Jóvenes que se incorporan a la vida laboral y que constituyen la otra cara de la misma moneda. Una y otra articulan un enorme riesgo, pero también un universo de posibilidades para nuestro sector. Que la moneda caiga de canto en este caso es lo recomendable y la gestión de quien la lance al aire marcará el punto de inflexión. De ahí que no esté de más recordar la responsabilidad subyacente en todas las empresas y agentes del sector prevencionista que, como DEINSA, nos adaptamos cada día a esta nueva realidad laboral.

La brecha se hace más evidente sobre todo cuando aparecen en escena las nuevas tecnologías. Ésas que han llegado para quedarse y que cada vez aportan más valor, también en el campo de la seguridad laboral y que en alto grado nos interesan en DEINSA. Y es que, por ejemplo, cada vez son más las APPS diseñadas para la prevención de riesgos laborales. Pero las diferencias entre un grupo y otro no se limitan a la tecnología. Otro punto de “conflicto” puede ser la percepción de los riesgos laborales y su consiguiente respuesta ante ellos. Es habitual, y diría que casi natural, que esta percepción esté muy mermada en los trabajadores más jóvenes, ya no solo por su edad sino por la escasa experiencia acumulada. Tenemos la responsabilidad de equilibrar la balanza; si esto lo vienen haciendo fundamentalmente el empresario, junto con los técnicos en prevención de riesgos laborales y las medidas de formación, campañas de comunicación, etc. que se llevan a cabo dentro de la empresa, también los trabajadores con mayor experiencia juegan un papel fundamental en este reto.

Lo cierto es que esta brecha no tiene por qué enquistarse, generando un precipicio entre trabajadores jóvenes y mayores. Si logramos que unos y otros se entiendan y aporten en función de sus conocimientos y aptitudes, habremos logrado unas sinergias de las que la seguridad y la salud en el entorno de trabajo se verán altamente influidas y potenciadas. La clave está en conseguir de unos y otros una buena disposición a compartir conocimientos por un lado y una adecuada receptividad ante los cambios por el otro. De conseguirlo, habremos logrado convertir esta brecha generacional en una fuente muy importante de valor.

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