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Según datos de Fediyma recogidos por la Asociación Nacional de Distribuidores Cerámica y Materiales de Construcción (Andimac), el 64% de los españoles recurre al ‘hazlo tú mismo’ como vía de ahorro para mejorar su casa. No porque les guste o les relaje –o al menos no teniendo estos argumentos como razones principales–, sino por ahorrar.

Ahora, advierten desde Andimac que, si bien esta máxima del ahorro puede tener sentido a la hora de hacer pequeños arreglos (como renovar la pintura de una pared o cambiar una lámpara), se puede volver en contra cuando se trata de afrontar mejoras de mayor envergadura, como el cambio de suelos o la reforma del baño. Ello porque en este entusiasmo bricolador muchas veces no se contemplan los llamados “costes ocultos”, siendo el primero de ellos el tiempo libre dedicado a la labor. El que muchas veces, además, se nos va de las manos por complicaciones derivadas de la falta de experiencia.

Siguen desde Andimac: Al trabajo dedicado a la búsqueda de materiales se le suma el esfuerzo del traslado y el transporte hasta el domicilio, sin contar con que toca volver una media de 2,4 veces al comercio para buscar herramientas o componentes no previstos desde el principio. Por no hablar de las malas elecciones que se comenten cuando se tienen pocos conocimientos sobre los materiales más adecuados y sus cualidades, lo que compromete el resultado final y puede obligar a repetir el trabajo...

Todo esto se complica aún más si consideramos que un 75% de estos “manitas” son usuarios amateurs (‘softDYIers’), de donde puede surgir un nuevo coste oculto, derivado de un trabajo mal hecho y que no cumple con las condiciones de seguridad adecuadas.

Ante este panorama, la recomendación de los distribuidores es básicamente una: no evitar a los intermediarios, para asegurarse así “un resultado final sin sorpresas ni imprevistos desagradables”. Pero volvamos al principio, a esas primeras líneas en las que hablábamos de ahorro. Y especulemos un poco: Si 6 de cada 10 españoles se sumerge en las aguas del bricolaje con la intención de ahorrar… ¿no resultará un poco contraproducente ‘cargarnos’ esta primera motivación?

Que a los españoles nos gusta menos el bricolaje que a nuestros vecinos europeos es un secreto a voces. Ellos tienen menos bares y terrazas, es cierto, pero también lo es que por estos lares tenemos menos conocimientos y experiencia… ¿No sería entonces un camino el fomentar la pasión por el bricolaje en vez de desincentivar esos afanes con advertencias adustas? Más talleres impartidos por los que saben –ya desde preescolar, ¡por qué no!–, más actividades lúdicas, concursos y jornadas, y menos mover la cabeza con descrédito e invocar a los profesionales. Por supuesto que hay excepciones. Con el sistema eléctrico, por ejemplo, no se juega. Y no hay que ser muy iluminados para verlo...

Imágenes: The Family Handyman.

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