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El liderazgo español dentro del sector del calzado de calidad es de sobra conocido: segundo país fabricante y exportador de la unión europea y, junto a Italia, líder mundial en calzado de calidad, España sabe del tema. Y el calzado laboral, por supuesto, no es una excepción.

La mayor parte del tiempo único punto de contacto que mantenemos con la tierra, los pies son un elemento complejo y delicado que debe soportar grandes cargas con poca masa muscular. Resulta evidente la importancia de cuidarlos de golpes y lesiones, asegurando asimismo protección contra las inclemencias del tiempo; agresiones mecánicas, químicas o biológicas; descargas eléctricas o movimientos de los propios usuarios, a lo que debe sumarse un aceptable grado de comodidad y ergonomía. Por todo ello, el calzado laboral se considera un Equipo de Protección Individual categoría 3, es decir, un equipo de diseño complejo destinado a proteger de un peligro mortal o que pueda dañar de forma grave y/o irreversible la salud.

En la actualidad podemos encontrar una enorme variedad de tipos y modelos. Los calzados tipo 1, 2 y 3 se refieren a calzado de trabajo, de protección y de seguridad. En lo que respecta a los materiales, la Clase I hace referencia al cuero y la Clase II al caucho y otros polímeros.

EL MERCADO DEL CALZADO LABORAL

Los últimos datos publicados por la patronal zapatera FICE (Federación de Industrias del Calzado Español) indican que el calzado deportivo y de protección-uso laboral alcanzó una producción en 2016 de 68,39 millones de euros, por detrás da la producción de calzado de piel y de otros materiales textiles y sintéticos.

Desde el Centro Tecnológico del Calzado de La Rioja (CTCR) resaltan que, cada vez más, las empresas se centran en satisfacer a clientes “estratégicos”, como es el caso del subsector de la seguridad, “en el que existe una gran demanda de estos bienes desde organismos públicos”. “La buena relación calidad/precio que se requiere para ganar estos concursos hace que solo las empresas altamente competitivas consigan los contratos”, agregan.

Por el lado de la demanda, desde el CTCR destacan “la variabilidad de las necesidades exigidas”: Dependiendo del trabajo, la necesidad primordial será una u otra. De esta manera, una empresa con riesgos de electrificación pedirá al distribuidor correspondiente un calzado con esa especificidad, mientras que alguien que trabaje en un medio rural necesitará un calzado con características de antideslizamiento e impermeabilidad.

Pese a que muy pocos cuestionarían la importancia del uso de un calzado de seguridad en aquellos puestos de trabajo que así lo requieran, según los últimos datos de la Estadística de Accidentes de Trabajo publicada por El Ministerio de Empleo y Seguridad Social, en 2017 el 28,7% de todas las reclamaciones de incapacidad, en todo el mundo, se refieren a lesiones en el pie. Por lo mismo, desde el CTCR invitan a “reflexionar al respecto”.

AMENAZAS

Si bien podría definirse al mercado del calzado laboral como estable, existe una serie de factores que funcionan a modo de amenazas, siendo el principal de ellos la competencia asiática, que sigue teniendo un fuerte efecto sobre la industria europea. Es más, en la última década se ha pasado de una competencia no significativa a ocupar más del 50% del sector. Con una diferencia significativa de precio como principal bandera, el producto asiático convence a muchos gerentes de empresas europeas que “no son propicios a realizar fuertes desembolsos de dinero por los equipamientos de protección individual”, tal como señalan desde el CTCR. No obstante –recuerdan-, Asia no es capaz de acercarse a los niveles de calidad de los productos europeos, existiendo un rango de nichos de mercado que requiere altos niveles de resistencia y calidad en las especificaciones del calzado de seguridad, donde la diferenciación es el elemento competitivo fundamental.

Una segunda amenaza es la deslocalización de la industria, un proceso reverso al que se produjo en los años 60 y 70 y que atrajo a muchas multinacionales a nuestro país buscando cercanía con sus mercados objetivos de Europa Central y costes laborales bajos. Las nuevas posibilidades surgidas del desarrollo de las tecnologías del transporte y de las telecomunicaciones, así como del establecimiento de un mercado más abierto, han creado nuevos focos de deslocalización occidental, como los países de Europa del Este, norte de África, Sudeste asiático y Sudamérica.

Como tercera amenaza, podemos nombrar la incompatibilidad técnica y de diseño, en un país donde tiene mucho peso el sector servicios (principalmente comercios, hostelería y restauración), pero donde es habitual el uso de calzado cotidiano durante la jornada laboral. Evidentemente se trata de un calzado inapropiado para personas que permanecen de pie durante periodos prolongados, lo que puede tener consecuencias graves para la salud del usuario. Además, y dado que es un sector donde muchas veces se trabaja de cara al público, el diseño se convierte en un elemento esencial para tener éxito y satisfacer al cliente.

Una cuarta y última amenaza sería el desconocimiento general de la relevancia del calzado laboral a nivel de empresa y personal. A la ignorancia de muchos trabajadores sobre las consecuencias de un calzado inapropiado, así como sobre la cobertura que ofrece la legislación vigente, se suma la existencia de muchos empresarios que prefieren recortar al máximo estos costes. “Todas las medidas tomadas por las administraciones para oprimir e invertir estas conductas favorecerán a la industria del calzado de seguridad”, reflexionan desde el CTCR.

Es recomendable para ello la creación de una marca bien posicionada y dirigir la publicidad directamente a los usuarios, siendo estos los que, personalmente o a través de sus superiores, demanden este calzado. De esta manera, la distribución podría abrirse incluso a distribuidores fuera del canal industrial o de EPI. No obstante, este es uno de los puntos de mayor dificultad para la industria del calzado de seguridad, puesto que es muy difícil llegar al consumidor final. 

CLAVES DE LA INDUSTRIA

El calzado de uso laboral es un producto en el que la innovación y el desarrollo están ampliamente instaurados en todas las empresas competitivas. De hecho, las especificaciones técnicas del calzado son, en su mayoría, los elementos fundamentales de diferenciación frente a la competencia. Algunas se posicionan como más confortables, otras como más resistentes, más ligeras... Además, éste es un sector estrechamente relacionado con las diferentes normativas que lo rigen. Las normativas del sector son muy estables y las empresas, que ya han desarrollado las tecnologías pertinentes para cubrirlas, trabajan ahora en la búsqueda de otros elementos diferenciadores. Por tanto, la diferencia principal entre el calzado normal y de seguridad es la exhaustiva mejora de todos y cada uno de los elementos que lo componen. De esta manera se trabaja en generar un valor añadido en forma de mejora aplicada a suelas, plantillas, punteras, talones, juntas y materiales.

Podríamos decir, así, que las investigaciones tecnológicas van orientadas a la búsqueda de ergonomía, impermeabilidad, transpirabilidad, uso de elementos no metálicos en punteras y plantillas, materiales para pisos, materiales para empeine y forro, aplicaciones nanotecnológicas, dispositivos de medidas de pies, maquinaria para calzado, componentes electrónicos, confort e integración de sistemas CAD/CAM.

UN VISTAZO AL FUTURO

Precisamente uno de los objetivos principales del CTCR es buscar nuevos productos o procesos, siempre con la vista puesta en la funcionalidad y productividad. “Concretamente, el CTCR pone a disposición del tejido industrial un amplio conocimiento en el ámbito de la nanotecnología, entre otros, consolidando un importe know-how”, detallan desde la entidad. Ello permite asegurar que las tendencias del mercado de la seguridad irán en torno a: materiales absorbentes de energía de impacto (geles STFs, fundamentalmente), 100% resistentes; geles con propiedades eléctricas; mejoras en el comportamiento del coeficiente de fricción de los materiales y diseños, en superficies de acero y baldosa, antideslizamiento; materiales bactericidas; creación de polímeros ignífugos libres de halógenos; materiales con capacidad de auto-reparación; materiales poliméricos con memoria de forma y antiperforación, y sistemas que garantizan el confort térmico.

 ‘LOS USUARIOS DEMANDAN PRODUCTOS CON MAYOR VALOR AÑADIDO’

Javier Díaz, responsable técnico de Asepal, nos da su opinión sobre la situación del mercado y otras cuestiones importantes.

¿Cómo ven el mercado del calzado laboral en términos generales? ¿Qué dicen las cifras?
Las cifras de comercio en el sector de calzado apuntan hacia una clara recuperación en relación a los duros años sufridos durante la crisis económica mundial.

¿Se puede hablar de un nuevo escenario para los fabricantes?
Las caídas en la facturación del mercado nacional obligaron a las empresas fabricantes de calzado a intensificar sus estrategias de internacionalización, luego podemos hablar de un sector del calzado laboral más internacionalizado y global.

¿Qué demanda el mercado hoy en día?
Aunque sigue siendo un sector muy competitivo, donde el precio final del producto sigue siendo un factor de compra a tener en cuenta. Los usuarios de calzado laboral comienzan a demandar productos con mayor valor añadido y que incorporen tecnologías derivadas de las labores de I+D+i desarrolladas por los fabricantes.

Principales claves en el mercado del calzado laboral
La competencia en los mercados internacionales, principalmente en los europeos, han orientado el sector del calzado hacia el desarrollo de un tipo de producto con un mayor valor añadido, donde además de ofrecer unos altos niveles de protección, se busca incorporar una serie de características de confort que mejoren la experiencia de uso del usuario.

¿Cuáles han sido los temas centrales de este año en el mercado del calzado laboral?
El sector de los EPI en general, y el del calzado laboral en particular, ha experimentado un año de intenso trabajo preparatorio de cara a la próxima aplicación del Reglamento (UE) 2016/425, el cual anulará y sustituirá a la Directiva 89/686/CEE a partir del próximo 21 de abril de 2018. Durante este año 2017, una parte considerable de los esfuerzos de las empresas del sector ha estado destinada a las labores de recertificación y adaptación de la producción a las que obliga la próxima entrada en vigor de la citada legislación.

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