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Todo en esta vida tiene su aquel y las ferias virtuales no iban a ser menos, nos lo cuenta nuestro colaborador el Bricolador Enmascarado.

En los últimos años para esta época, tenemos dos cosas importadas de otras culturas: la fiesta de Halloween y las ferias virtuales privadas de centrales de compra y cooperativas. Ambas nos pueden aportar cosas muy interesantes.

Cosas tales como que los socios o miembros de estas centrales están más predispuestos a comprar, aunque no siempre es el caso, Y a ello se une que hay mucha oferta de estas ferias, aunque también tiene su aquel, no en todas puedes participar si no has estado previamente en la feria presencial.

Estas ferias se realizan un par de veces al año, lo que conlleva una concentración excesiva de las compras, obligando al participante a una gran capacidad de gestión, gran concertación de la compra, recepción de productos en el almacén al mismo tiempo, etc. Y esto no resulta tarea sencilla, en muchos casos ni tienen el personal suficiente, ni el espacio suficiente en el almacén para ese volumen de compras. Además de que para algunos socios el límite de crédito con la central en cuestión no da para poder hacer todas las compras deseadas. Saber que has de comprar con un mercado tan cambiante, es una lotería.

Además, en teoría, se une a que aunque se supone que toda la información está colgada en la red no es así, no nos engañemos, en este país aún hay mucha bata azul, que prefiere el papel, la información tradicional, el catálogo de toda la vida… por lo que en muchos casos se escucha “es que no vi la oferta, es que no leí la información, es que no sabía que estaba eso de oferta,…”. Todo ello comporta un gran esfuerzo para las empresas, han de modificar sus curvas de ventas, sus producciones, sus promociones y saber cómo gestionarlas. El que en primavera se concentre todo en apenas 6 semanas, y luego a final de verano pase lo mismo, hace que los stocks se modifiquen a unas exigencias que antes no existían. ¿Qué pasa el resto del año? que han de vender, seguir con la misma estructura y el mismo formato, lo que conlleva dar un servicio muy variado en las diferentes épocas del año.

Y se une otro problema, ¿cómo poder cubrir las zonas de visita en tan poco tiempo con el mismo equipo de ventas? Cómo podemos dar un buen servicio de calidad a todos estos clientes y rentabilizar las rutas si en el mismo pueblo hay tres socios de tres centrales diferentes, pero con fechas diferentes en sus ferias. ¿Hemos de ir tres veces, o bien podemos gestionarlo? No siempre es fácil, no siempre tenemos la colaboración de estas tiendas, de estos compradores, bien por falta de tiempo, bien por falta de gestión, pero también porque no todos los socios participan, o quieren participar en estas promociones.

En definitiva, las ferias aportan muchas cosas buenas, muchas oportunidades de negocio, muchas cosas a aprender, pero a la vez crean una excesiva concentración de ofertas, complican la gestión, la respuesta optima de las empresas y fuerzas de ventas, sin olvidar los colapsos de números de pedidos en las centrales de compra. Los centros de atención al cliente de los fabricantes echan humo. Todo el mundo va a tope, ¿pero el esfuerzo vale la pena?

No todos pueden pensar lo mismo, ya que a veces el vaso se ve medio lleno o medio vacío. Es algo que puede evolucionar con el tiempo y esperemos que no pase como Halloween… que todo acabe ‘dando calabazas’ en la noche de todos los santos. 

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