La normalización se consolida como una de las principales palancas de crecimiento en la industria y la construcción en España. En este sentido, siete de cada diez empresas de ambos sectores aplican normas técnicas en sus procesos y se benefician de sus efectos sobre la competitividad y la innovación. Este dato refleja un elevado grado de profesionalización y compromiso con la mejora continua, la seguridad y la eficiencia.
Esta es una de las principales conclusiones del Estudio “Impacto económico de la normalización en España”, realizado por el Centro de Estrategia y Prospectiva Industrial (CEPI), entidad impulsada por el Ministerio de Industria y Turismo y la Fundación EOI (Escuela de Organización Industrial). Un estudio elaborado tanto a nivel macroeconómico, analizando el período 1980-2022, y que ha utilizado como referencia la guía metodológica internacional de ISO, lo que permite establecer comparativas con otros países; como a nivel microeconómico, a través de una encuesta a 600 empresas industriales. A raíz de la misma, se ha permitido evaluar de forma rigurosa el impacto real de la normalización sobre la competitividad empresarial.
Las normas como herramienta de mejora competitiva
El análisis confirma que la industria es el sector donde la normalización tiene un mayor impacto económico, mientras que la construcción se sitúa asimismo entre los ámbitos más beneficiados. Esta posición está directamente relacionada con la amplia base normativa acumulada en ambos sectores. Según las últimas cifras, la industria concentra el mayor stock de normas vigentes de la economía española, con 28.677, mientras que la construcción contaba con 2.704 normas específicas, a los que se suman estándares transversales aplicables a todos los sectores.
Este volumen normativo proporciona un marco técnico común y estable que facilita la estandarización de procesos, la interoperabilidad entre agentes y la mejora continua de la productividad. La integración progresiva de estas normas en la actividad empresarial explica que la normalización tenga un efecto positivo y sostenido sobre la eficiencia y el crecimiento, incluso en contextos económicos complejos.
Desde la perspectiva empresarial, las normas se aplican principalmente como herramientas de mejora competitiva. Cerca del 60 % de las empresas de la industria y la construcción señala que adopta normas técnicas para mejorar la calidad de sus productos y servicios y reducir riesgos como accidentes o errores de producción.
Esta lectura es coherente con las conclusiones de la versión general del informe, donde más de ocho de cada diez empresas del tejido económico español afirmaron que la aplicación de estándares reduce fallos y errores, y más del 80% destacó mejoras en interoperabilidad y eficiencia operativa. En conjunto, estos resultados confirman que la normalización no solo responde a expectativas iniciales, sino que se traduce en beneficios tangibles y sostenidos en el desempeño de las organizaciones.
Línea de avance para seguir reforzando la normalización
El informe identifica, no obstante, una línea clara de avance para seguir reforzando el impacto de la normalización en ambos sectores: ampliar su adopción en el conjunto del tejido empresarial, especialmente entre pequeñas y medianas empresas. Los resultados muestran una brecha significativa por tamaño: mientras la aplicación de normas alcanza el 100 % en las grandes empresas, en las microempresas desciende al 61,5 %, lo que evidencia barreras vinculadas a recursos y capacidades.
Extender el uso estratégico de los estándares y fomentar una mayor participación empresarial en su elaboración contribuirá a consolidar sus efectos positivos sobre la productividad, la innovación y la competitividad sectorial.
En conjunto, los resultados del estudio confirman que la normalización constituye un instrumento estratégico para la industria y la construcción en España, al contribuir de manera significativa a mejorar su productividad, su eficiencia operativa y su capacidad de competir en mercados cada vez más exigentes. El informe sitúa a la industria como el sector con mayor impacto económico asociado a la normalización, seguida de la construcción, lo que refuerza el papel de los estándares como palanca para el crecimiento y la transformación del tejido productivo.