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Nos queda pendiente reforzar el concepto de calidad en todo el proceso de desarrollo y producción nacional, necesario a la hora de confiar en productos manufacturados.

De la serie de propuestas para el crecimiento del sector que vamos desarrollando en nuestros editoriales, hay numerosos aspectos en los que hemos incidido ampliamente. Uno de los más destacados es el de la calidad, pero aún no nos hemos referido a la instauración de distintivos que vengan a reforzar el valor intangible que representa la imagen de marca-país, con las consiguientes garantías de fiabilidad en el uso.
 
Hay latitudes en las que parece que lleven trabajando en este sentido desde el inicio de los tiempos. Desde luego, han conseguido que ciertos mensajes arraiguen lo suficiente como para permanecer entre nuestras creencias más sólidas. Así, la expresión ‘tecnología alemana’ pesará de forma inevitable en nuestras decisiones de compra cuando queremos renovar nuestro coche, igual que nuestros pensamientos se dirigirán al Lejano Oriente al hablar de microchips y toda suerte de adelantos tecnológicos.
 
Una de las mejores iniciativas que se lanzó al comienzo de esta Legislatura, de la mano de algunos de nuestros empresarios más representativos, fue la potenciación de la Marca España como sinónimo de unos valores intrínsecos que atrajesen el interés de inversores de todo el mundo conforme a una manera de hacer las cosas. Más allá de la parte folclórica, la tradicional simpatía que el pueblo español despierta en todo el mundo, queda pendiente reforzar el concepto de calidad en todo el proceso de desarrollo y producción, necesario a la hora de confiar en productos manufacturados. Esta será una labor a la que todos, empresarios, fabricantes, administraciones y por supuesto, medios de comunicación, debemos contribuir, y que sólo tendrá sentido si somos capaces de trabajar de la mano, con amplitud de miras y con el convencimiento de que compartimos un reto común.
 
Una aventura mayor, por su magnitud y sus positivas consecuencias, sería el trasladar ese mismo propósito a un marco supranacional, como es el europeo, para que la creación de un Sello de Calidad Comunitario llegue a ser un elemento indispensable con el que poder competir en cualquier latitud.

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