Comercial Errante: «Cuando la empresa fue a pagar la factura, en la habitación había dos personas, y no era compartiéndola para ahorrar»

Hace unas semanas se celebró una convención importante. No debería serlo para nosotros porque se hizo en Estados Unidos. En estas próximas se hará la otra. Los contrincantes de las elecciones a la presidencia de ese país, que se celebrarán en noviembre, marcarán inevitablemente nuestra economía, los conflictos bélicos y la política en general, pero esa convención no es de la que quería hablar hoy.

La convención

La convención importante en nuestro sector es la que se suelen realizar entre las fábricas y sus redes comerciales. Una al año suele ser habitual o cada dos, no siempre hay tantas novedades en la empresa.

No hace tantos días que hicimos la última, esta vez para reforzar los conocimientos de una línea de producto, que ahora hemos conseguido introducir en uno de los grupos importantes del sector, a ver que tal resultado tendremos. Viaje en tren, reunión, almuerzo en polígono y cena en un buen lugar. El billete lo mandó la empresa días antes, gasto cero, como debería ser. Sin embargo, en eso he visto de todo. Una vez, a la que no asistí por obvias razones, que me tocó explicar, me casaba esos días y no lo iba a cambiar. Más sabiendo cómo acabaría la historia. Los compañeros que fueron, además de pagar el viaje, les tocó compartir habitación.

Es verdad, no es necesario el hotel de lujo, pero eso de compartir habitación, no hace falta. Lujo, el que disfrutamos una vez que después de la última convención y las quejas a la dirección, de lo mal que estuvimos en el hotel, para compensar, al año siguiente nos metieron en un hotelazo 5 estrellas, ni tanto, ni tan poco. Luego volvimos a otro, muy bien y sin ese extra, que dijimos no necesario. Por poner las cosas negativas de nuestro colectivo, los agentes comerciales, también os explicaré alguna, que tiene tela también.

Antes de empezar en una de las empresas, en la que llevo muchos años, el anterior representante parece que fue con alguien, al menos a la habitación. Resulta que, cuando la empresa fue a pagar la factura, en la habitación había dos personas y, no era compartiéndola para ahorrar. Nunca supieron quién se coló.

En otra ocasión, uno de los vendedores, un prepotente al que le hice un favor personal y aún espero las gracias. A la hora del almuerzo, pagado por la empresa, el tipo pidió un vino específico. Cuando la empresa se dio cuenta, le paso el cargo ‘a posteriori’, ¡por supuesto!

He hecho convenciones puras y duras de trabajo, donde ha habido alguna que otra discusión subida de tono, donde hemos aprendido mucho, sobre todo sobre producto. Claro, que lo hicimos en Madrid. Por aquello de que nos pilla a todos de paso, algo que me desagrada sobre manera. Si la fábrica está en el norte, pues se hace allí y punto. Una vez que sales de casa, te da igual ir a un sitio que otro, el día ya lo perdiste o invertiste. La mala costumbre que se está instaurando últimamente de hacer todas las cosas en el centro, va en detrimento del resto de territorios, lo que consigue es el aumento del desconocimiento de la variedad de este bonito país, de sus gentes, sus paisajes, cultura y gastronomía. Pero esas disquisiciones quizás sean para otro tipo de espacios.

Convenciones. Una este año me la perdí, baja por enfermedad. Una lástima, porque este año me dieron un cuadro precioso por los 20 años de trabajo. En la oficina en lugar preferente ya está colocado. La otra, a la que asistí con novedades, faltó lo más importante, algo de lo que hablé en el anterior artículo, el catálogo. Y es que a marketing no le dio tiempo, un error, pero todos los cometemos. Lo compensaron luego con la cena. Una actividad diferente. Nos tocó hacer grupos de cuatro y cocinar la cena de todas y todos. A mí que me gusta incursionar en la cocina, lo disfruté sobremanera.

Aunque para convención, la que nos organizaba una empresa hace años, cuando todo iba a lo ancho. Las cifras eran estratosféricas y los beneficios, entiendo que también. Tuvimos la oportunidad de subir en globo, ver la matanza del cerdo, hacer una guerra de paintball, la guerra total entre compañeros, haciendo grupo, una buena fórmula de trabajo en equipo. Vimos una doma de caballos, preciosa experiencia. Y otras actividades que no llegué a verlas, porque me incorporé tarde a la empresa.

Otras experiencias fueron quedarnos en un hotel en una montaña, donde la carretera terminaba allí y la nevada no dejó bajar al director comercial que lo organizó a su casa aquella noche, creo que le tocó darle la vuelta a la ropa interior, porque no subió preparado. Al día siguiente fue una odisea el viaje de vuelta entre nieve, viento y camiones atravesados en la autopista. En fin, llegamos sin novedad a casa.

En definitiva, experiencias variadas. Al final todas más o menos buenas, que siempre aportan y que quedan en el recuerdo. La mayoría para repetirlas y las menos para aprender de la misma.

La recomendación literaria. Con menos tiempo de lo habitual, espero que estos días pueda terminar ‘El poeta y el archivero’ de Edward Wilson-Lee. El Archivero del Estado (Portugal) aparece asesinado, la historia anterior a esos sucesos se desarrolla en un buen libro. El final…

Cuando lean estas líneas, el verano habrá terminado. La mayoría habrá vuelto de vacaciones y, según dicen, estaremos en pleno crecimiento, pudiendo cerrar el segundo semestre del año en positivo y más. En la próxima lo cuento.

Redacción: Comercial Errante.

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