Bricolador Enmascarado: “Atendemos con ropa sucia sin mostrar un mínimo interés en los clientes”

Viajamos a la Toscana italiana con ‘La Dolce Villa’, una película de este año.

La Dolce Villa cuenta la historia de una chica que, tras la muerte de su madre, no sabe qué hacer con su vida. El padre, siempre está ocupado por motivos laborales. Así que, ella, termina realizando el sueño de su madre y el suyo propio al comprar una villa en Italia para reformarla y crear un pequeño restaurante. Bricolador

El padre se desplaza para ver cómo es la villa, ya que la han comprado por un solo euro y piensa que es una estafa. Sin embargo, forma parte de una iniciativa del gobierno local para recuperar negocios y casa que están en ruinas con el fin de que todo el dinero de los nuevos propietarios se destine a revitalizar la economía. Esto crea riqueza y fomenta el interés de los jóvenes emprendedores.

Durante la película, van superando los diferentes problemas, como una casa en ruinas que hay que reformar completamente. Con la ayuda de la alcaldesa, de gente local, lo van consiguiendo. El padre se traslada allí por unos días hasta que, finalmente, se instala con su hija en el pueblo. Van integrando a cocineros locales, personas mayores que aporten su experiencia en un taller de cocina.

Queremos incorporar nuevas tecnologías y tendencias, pero no olvidemos que la atención al cliente es vital

Todos colaboran, todos ayudan. Casi está todo por fracasar por culpa de un malentendido, pero finalmente, el restaurante es un éxito. La hija consigue que su padre se quede con ella, además de poder avanzar en sus estudios de diseño. Todos ganan, acaban haciendo lo que realmente les gusta viviendo en un lugar hermoso, lejos de la civilización alocada.

Nos da para reflexionar, para poder pensar en cómo una casa abandonada puede ser transformada por completo para dar una nueva vida a todos: a la misma casa, a los que la reforman, a los que pasan a formar parte de esta.

En ocasiones, esto debería ser así. No podríamos tomar un negocio, con amplia solera y experiencia entre las personas a las que ha servido. Pero, al mismo tiempo, saberlo transformar, sin perder su esencia.

Queremos incorporar nuevas tendencias, nuevas tecnologías. Es bueno y necesario, pero no olvidemos, que la atención, que el servicio al cliente es vital. Podemos poner pantallas que informen a los clientes de los productos, de sus ventajas, pero, si no hay quien les pueda explicar cómo cambiar un enchufe o un grifo, seremos digitalmente inútiles, para los que no están dotados con el don del bricolaje casero.

No puedes oler una pasta casera con su salsa por medio de un teléfono

Somos de un tiempo atrás, pero, al mismo tiempo, de un futuro nuevo. En medio, hay un mar de personas que no quieren, que no pueden, que necesitan ser atendidas, que requieren de nuestra atención. En eso, una pantalla de tablet o de ordenador nunca va a estar por encima.

No puedes oler el olor de una pasta casera con su salsa por medio de un teléfono. Has de estar ahí para saber cuál es su espesor, si necesita más o menos especias. Probarla, sentir su aroma. Eso no se puede dar de otra forma. Necesitas que, cuando esa niña se lleva unas pilas, poderle decir “tu madre siempre se lleva de las otras”. Somos “Farmacia del hogar”, “El consultorio de última hora”, “La última barrera antes de perder los nervios”. No sabemos qué diferencia hay entre los cien pegamentos o similares que vemos frente a mí. Cuando compramos algo que nos han asesorado, nos funciona, nuestra experiencia de compra y usos nos lleva hasta la misma tienda, primero para dar las gracias, segundo para comprar otra cosa más.

Si nos han gustado los espaguetis, puede que la próxima pasta sea unos macarrones al pesto, pero será en ese restaurante y no en otro.

O somos un restaurante con clase, o uno de comida rápida fácil de olvida

Una tienda debe ser nuestro templo de asistencia al consumidor. Si mostramos estanterías sucias, escaparates sin cuidar, productos sin precio. Decimos, “nuestra comida no es la mejor. Está congelada, la tenemos desde hace muchos días”.

No ofrecemos nuestra mejor versión. Nuestros delantales y manteles limpios, con la mejor sonrisa, es la mejor presentación de cualquier restaurante. Porque, entonces, atendemos, con ropa sucia, sin uniformes las personas de las tiendas, sin mostrar el más mínimo interés en los clientes que entran por la puerta.

Si queremos ofrecer el mejor vino y la pasta más fresca, no podemos comprar a los más baratos, pues no nos ofrecerán ninguna ventaja para que podamos ser diferentes. O somos un restaurante con clase, o uno de comida rápida fácil de olvidar.

Redacción: Bricolador Enmascarado. Bricolador Bricolador

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