Hay figuras históricas que aparentemente no tienen nada que ver, pero que están conectadas a través de la genialidad de sus obras. Antoni Gaudí nació el 25 de junio de 1872. Cuatro años después, el 26 de septiembre de 1876, nacía Fritz Henkel. El primero es uno de los genios más importantes de la historia de la arquitectura. El segundo fue el fundador de Henkel & Cie, la compañía con soluciones adhesivas más famosa del mundo.
No se conocieron nunca. Gaudí nació en Reus, Tarragona, y Henkel procedía de Hesse, en Alemania. La conexión entre ambos toma forma ahora en un legado compartido: la construcción de la Sagrada Familia.
¿Cómo coinciden dos genios de mundos y oficios tan distintos? La fecha concreta es el 10 de junio de 2026. El hito son las seis torres centrales del edificio religioso más alto del planeta.
Un arquitecto adelantado a su época
Cuando Gaudí ideó el gran proyecto de su vida, la Sagrada Familia, “sabía que las futuras generaciones tendrían la tecnología necesaria para terminar de construirla”, explica Begoña Cantera, ingeniera de Henkel.
Adelantado a su época, el arquitecto diseñó las torres centrales sabiendo que las técnicas que él conoció en vida no permitirían construirlas. Pero confió en que los profesionales del futuro pudieran hacer frente a los retos estructurales que planteó. Y ahí es donde entra en juego el adhesivo. 24 toneladas de Loctite EA 9497 se han utilizado para unir la piedra y el acero en un total de 826 paneles que ahora dan forma a las torres centrales de un icono mundial. Se trata del mayor reto estructural de la historia del templo, que lleva en construcción casi 150 años. La Torre de Jesucristo, con 172, 5 metros, -tan solo 5 metros por debajo del Montjuïc, siguiendo la voluntad de Antoni Gaudí-, fue bendecida por el Papa León XIV el pasado 10 de junio y se ha convertido en el punto más alto del skyline de Barcelona.
Un héroe invisible
El martes 16 de junio, Henkel y el equipo directivo de la Sagrada Familia reunieron a los medios del sector para explicar las claves de la colaboración que ha hecho posible el estreno de las seis torres, en coincidencia, además, con el 150 aniversario de la muerte de Antoni Gaudí.
Tal y como explicó Xavier Martínez, director general de la Sagrada Familia, “picamos a la puerta de Henkel para que nos ayudara a con un adhesivo que se fabricó ad hoc para la iglesia”. Ocurrió en 2015. Desde la compañía, se pusieron manos a la obra y, tras revisar su porfolio de adhesivos, dieron con uno que podía cumplir con los requisitos. Tras 8 meses de prueba, apareció el “héroe invisible”, recuerda Begoña Cantera, el Loctite EA 9497.
Lo revolucionario del adhesivo es que es capaz de unir la piedra y el acero de los paneles que conforman las torres, consiguiendo que ambos materiales funcionen como una única estructura.
Aplicado en estado líquido, el adhesivo se adapta a la superficie de contacto, rellena cavidades y asegura una unión estructural eficaz entre la piedra y los elementos metálicos. A continuación, inicia un proceso de curado controlado de aproximadamente 24 horas, durante el cual las piezas permanecen en condiciones térmicas estables.
30 kilogramos de Loctite por cada panel
Los datos convierten la solución adhesiva en un hito. En total, se han utilizado 24 toneladas de Loctite, con 30 kilogramos por panel. Concretamente, se aplicó en el ensamblaje de las seis torres centrales, construido mediante el sistema modular desarrollado por la Sagrada Familia, con 826 paneles y más de 2.100 elementos de piedra.
Este sistema constructivo, concebido por la Sagrada Familia para hacer realidad la visión de Gaudí, ha permitido acelerar los procesos hasta 10 veces frente a métodos tradicionales. La contribución de Henkel, al unir piedra y acero en un único elemento estructural, ha sido decisiva para hacerlo viable, reduciendo tiempos sin comprometer la seguridad ni la integridad del monumento.
Pensado para resistir a las condiciones de la ciudad de Barcelona
Uno de los principales retos fue hacer frente a las condiciones especialmente exigentes de la ciudad de Barcelona. La proximidad de la Sagrada Familia al mar Mediterráneo, a unos 2,5 kilómetros, implica una exposición constante a un ambiente salino, que favorece la corrosión. A ello se suma una humedad relativa elevada durante gran parte del año, normalmente entre el 65 % y el 75 %, lo que incrementa la agresividad del entorno.
Las variaciones térmicas también son significativas: los materiales pueden pasar de alrededor de 5 °C en invierno a más de 30 °C en verano, generando ciclos continuos de dilatación y contracción. Además, dos líneas de metro discurren junto a la basílica, generando vibraciones constantes que se transmiten a la estructura.
Cargas equivalentes a 1.600 elefantes africanos
La unión lograda con esta tecnología puede soportar cargas equivalentes a hasta 100.000 personas por metro cuadrado; es decir, el peso total del público de un estadio como el del FC Barcelona. O aproximadamente 1.600 elefantes africanos. O de 230 aviones.
Esta capacidad ha sido determinante para sostener la gran cruz que corona la torre de Jesucristo, la más alta del conjunto. Aunque esta cruz no incorpora adhesivos, su estabilidad depende de la solidez de la estructura que la soporta.
Dos visiones unidas por el tiempo
Aunque “no se trata de tener protagonismo, porque el estreno de las seis torres centrales es obra y mérito del equipo que hay detrás de la Sagrada Familia”, explica Adrián Orbea, presidente de Henkel en España, “la idea pionera de Fritz Henkel se une ahora al proyecto de Gaudí, 150 años más tarde”. Dos visiones unidas por el tiempo que, quizás, vuelvan a funcionar juntas: Jordi Faulí, arquitecto director de la Sagrada Familia, adelantó a los presentes que “utilizarán el mismo sistema de construcción modular para la Fachada de la Gloria y, seguramente, el adhesivo tenga un papel importante”.
