Hay negocios que forman parte de la historia de un municipio. Establecimientos que, generación tras generación, han acompañado la evolución de sus vecinos y que han sabido transformar su actividad sin perder la esencia con la que comenzaron. Es el caso de Ferretería Molleja, de Villa del Río (Córdoba), que ha recibido el Reconocimiento «Legado Comercial» durante la I Gala del Comercio celebrada por el Ayuntamiento de la localidad.
La distinción pone en valor una trayectoria empresarial que se remonta a 1918, cuando la familia Molleja puso en marcha un pequeño establecimiento que poco tenía que ver, en apariencia, con la ferretería que conocemos actualmente.
De un antiguo colmado a una ferretería
Los orígenes de Ferretería Molleja se encuentran en un negocio familiar que funcionaba como los antiguos colmados: un establecimiento en el que los vecinos podían encontrar prácticamente de todo. Legumbres a granel, productos básicos y diferentes artículos necesarios para el día a día formaban parte de aquella oferta inicial.
La historia de la familia no estuvo exenta de dificultades. La Guerra Civil supuso un importante golpe para el negocio y obligó a sus propietarios a comenzar prácticamente desde cero. Durante los años de posguerra, el abuelo y el padre de Manuel Molleja tuvieron que buscar fórmulas para mantener el establecimiento abastecido, llegando incluso a desplazarse hasta El Carpio para adquirir pequeñas cantidades de legumbres y otros productos.
Aquella capacidad para adaptarse a las circunstancias acabaría siendo una de las constantes de la empresa durante las décadas siguientes.
El comercio fue evolucionando al mismo tiempo que cambiaban las necesidades de los clientes. Poco a poco, el antiguo colmado fue dejando paso a un establecimiento especializado hasta convertirse en la actual Ferretería Molleja.
Una forma de entender la ferretería
En esa evolución tuvo un papel fundamental Manuel Molleja Sánchez, actual gerente del negocio, que creció entre mostradores, estanterías, herramientas y clientes y posteriormente se incorporó a la empresa junto a su padre.
Su trayectoria representa también una determinada manera de entender el comercio de proximidad: conocer al cliente, escuchar sus necesidades y ofrecerle asesoramiento para encontrar la solución adecuada.
Una filosofía especialmente vinculada al comercio ferretero tradicional, donde el conocimiento del producto y la atención personalizada han constituido históricamente uno de los principales valores del establecimiento especializado.
A lo largo de los años, Ferretería Molleja también asumió servicios de relevancia para los vecinos de Villa del Río, como la distribución oficial de bombonas de butano, ampliando así la actividad del negocio y su vinculación con la vida cotidiana del municipio.
Más de 100 años adaptándose
Si algo define la historia de Ferretería Molleja es precisamente su capacidad de adaptación. Desde aquel establecimiento de 1918 hasta la ferretería actual han cambiado los productos, las instalaciones y las formas de trabajar. También lo han hecho los hábitos de compra y las necesidades de los consumidores. Sin embargo, la empresa ha sabido evolucionar manteniendo el carácter familiar que ha acompañado al negocio durante más de un siglo.
Y esa historia no termina con la generación actual. El relevo generacional continúa también a través de TableKitchen, establecimiento especializado en menaje y equipamiento de cocina vinculado a la nueva generación de la familia. De esta manera, el espíritu emprendedor y comercial iniciado hace más de cien años continúa encontrando nuevas formas de expresión.
Un reconocimiento a la continuidad
El Reconocimiento «Legado Comercial» entregado a Ferretería Molleja durante la I Gala del Comercio de Villa del Río representa mucho más que una distinción a un establecimiento con una larga trayectoria. Es un reconocimiento a una historia familiar construida a lo largo de generaciones, a la capacidad de superar momentos difíciles, a la adaptación a los cambios y a la continuidad de un negocio que ha formado parte del tejido comercial de Villa del Río durante más de un siglo.
Cien años después, han cambiado las herramientas, los productos y las formas de vender. Lo que permanece es una misma vocación: estar detrás del mostrador, conocer al cliente y seguir buscando soluciones.
Imagen: Ayuntamiento de Villa del Río