Bricolador Enmascarado: “No queremos ver estanterías con más polvo que propuestas”

¿Cuántas empresas de nuestro sector siguen con lo mismo de siempre, con las gamas de toda la vida? Sin novedades, sin aportar nada al mercado. ¿Cuántas tiendas son iguales que hace 30 años y no hacen nunca nada nuevo para sorprender a sus clientes?

A veces te encuentras con pequeñas joyas del cine, casi sin importancia, pero llenas de mensajes con mucho contenido.

Hoy traemos hasta vosotros una procedente de Brasil: Caramelo, de 2025, dirigida por Diego Freitas. Con el siguiente reparto: Rafael Vitti como Pedro, Arianne Botelho como Camila y Amendoim como Caramelo, el gran protagonista del film.

Nos cuenta la historia de un cachorro abandonado por sus dueños, que crece en las calles de la ciudad, robando comida, jugando con la suerte todos los días. Lucha contra todos los elementos, contra otros perros y personas. Hasta que se topa en el camino de Pedro, el chef segundo de un prestigioso restaurante. Gracias a sus travesuras, un día robando comida provoca que el primer chef abandone su puesto por una discusión con la propietaria.

Esto pone a Pedro al frente de la cocina, recibiendo toda la responsabilidad de la propiedad del restaurante. Será el responsable de innovar, de cambiar algunas cosas. Incluso prueba con un plato tradicional de su madre, “Una cosinha”, algo muy sencillo, dándole una dimensión diferente. Consigue que el plato le encante a una crítica culinaria muy popular. Todo va genial, incluso adopta temporalmente a Caramelo, el perro callejero que le dio la oportunidad de ser lo que siempre había soñado. Tras algunas aventuras junto a él, intenta darlo en adopción a un centro de animales al no poder cuidarlo.

Entre todo esto, diagnostican a Pedro un problema grave en el cerebro. Algo que parece no tener cura. A pesar de luchar contra la enfermedad, de crear una nueva y gran carta para el restaurante, no puede con su vida diaria. Es despedido y solo la compañía de Caramelo parece alegrarle la vida, así que lo adopta. Juntos comparten todos los momentos de la que podría ser su corta vida.

Tras empeorar su salud, debe someterse a una operación de vida o muerte. Rodeado de los suyos, su madre y las chicas del hogar de perros, afronta la operación. No sabe si va a vivir o si va a morir. Si sale con vida, hay probabilidades de que termine como un vegetal.

Por suerte, sale adelante, con alguna secuela, pero vivo, con ganas de valorar las cosas bellas, la familia, sus amigos y el amor por la cocina. Junto a la propietaria del hogar para perros, crea un restaurante donde los dueños pueden ir junto a sus animales y probar comida pensada para ambos.

Caramelo ha sido su sustento, su amigo, su compañero, el que le ha enseñado que en la vida no todo es trabajar, no es todo triunfar. Hay cosas que hay que valorar y disfrutar junto a las personas que quieres.

Es una historia dramática, romántica, que te da una lección de vida y que creo que deberíamos llevar hasta nuestro día a día, hasta nuestros negocios. No debemos olvidar que innovar es bueno, sin perder la esencia de donde venimos. El chef original del restaurante no quería cambiar, se negaba a evolucionar, no sorprendía a sus clientes. ¿Cuántas empresas de nuestro sector siguen con lo mismo de siempre, con las gamas de toda la vida? Sin novedades, sin aportar nada al mercado. ¿Cuántas tiendas son iguales que hace 30 años y no hacen nunca nada nuevo, para sorprender a sus clientes?

¿Cuántas estanterías, de muchos lineales, tienen los mismos productos, las mismas etiquetas desde hace 10 años? No hay nada que sepa diferente.

Pedro toma algo tradicional, algo que hacía su madre y lo transforma con un toque nuevo, con innovación, para sorprender a la crítica culinaria.

No vale el “todo por el todo”. La propietaria, al ver el problema de la enfermedad de Pedro, lo despide, No importa que la nueva carta sea fresca, diferente, o que a los clientes les encante. No hay piedad: lo despide sin pensar.

Caramelo, ese pequeño perro, le muestra que hay cosas muy hermosas en la vida, en el transcurrir de los caminos de todos nosotros. Que hay que ser uno mismo para dar lo mejor que llevamos dentro. Somos lo que pensamos, lo que transmitimos a los demás, tanto en los momentos buenos como en los malos.

Si no somos capaces de dar lo mejor a nuestros clientes, no somos nada que ellos quieran valorar. Estanterías sin alma, llenas de cosas que no son vivas, con más polvo que propuestas, no son algo que queramos ver.

Productos que estén vivos, que nos aporten ideas. Que en la visita a una tienda nos den ganas de comprarlos, que aunque no fuera el motivo de ir a comprar, nos los queramos llevar.

Ideas simples: un restaurante para perros y sus dueños. Algo fresco, simple, con comida que sea buena, pero a la vez elaborada. Es algo diferente, no es la primera vez que se ve, pero ellos saben adaptar la idea a la realidad de su ciudad.

Proponer es correr el riesgo de equivocarse, pero también es estar más cerca del éxito. Eso sí, quien no hace nada por evolucionar, nunca se va a equivocar, pero tampoco va a triunfar.

Caramelo nos da una enseñanza a todos: el valor de las cosas pequeñas, de estar al lado de los que nos necesitan sin olvidar de dónde venimos. Algo que, a veces, los establecimientos y las empresas no saben poner en valor, o bien no saben salir de esa casilla.

Cuántas veces decimos, “uf, más de lo mismo”. Eso es una sentencia de muerte para reformas, para productos nuevos, para cosas que han fracasado antes de salir a la luz o que van a tener una vida muy corta.

Seamos un pequeño perro callejero, busquemos cosas nuevas, seamos atrevidos, nuestra supervivencia en el mundo comercial depende de ello. De ser más agiles que los demás, de saber correr más que la competencia. De ser diferentes, tiernos, efectivos, listos, pero sin olvidar nunca a los que nos ayudaron a ser quienes somos. Un Caramelo siempre te esta esperando para mostrarle lo maravillosa de la vida y de este mercado, sólo hay que saber encontrarlo.

Un artículo de Bricolador Enmascarado.

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