Bricolador Enmascarado: “Tomemos los cafés que sean necesarios, pero valoremos cada sorbo”

Un nuevo artículo de nuestro colaborador, esta vez sobre la serie televisiva ‘Camera Café’ (2005).

Hay series y películas que se quedan en la retina y en la memoria durante muchos años. Hoy hemos querido recordar una de ellas. No fue por su calidad ni por su temática. Puede que fuese por su frescura, por su formato, por su simplicidad en los temas y en la ejecución. Era simple, pero completa. Además, ¿quién no se ha parado delante de una máquina de café en su trabajo, en una sala de espera, en un hospital, en infinidad de ocasiones y lugares?

Nos referimos a Camera Café, serie de televisión de humor adaptada de un formato procedente de Francia. Se emitió en la cadena Telecinco desde 2005 hasta 2009.

Eran formatos cortos, de 4 a 6 minutos de duración, pero muy intensos. Con un gran reparto de grandes actores: Arturo Valls, Carolina Cerezuela, César Sarachu, Esperanza Pedreño, Carlos Chamarro, entre otros. Sus historias cotidianas, con frases comunes que todo el mundo podía entender, presentaban personajes creíbles, normales, que te puedes encontrar en cualquier empresa.

Cada uno con su estereotipo, con los rasgos que se les presuponen. Había situaciones absurdas, cotidianas, divertidas, embarazosas, etc. Sin olvidar el buen humor, el sarcasmo, las ideas alocadas, las situaciones que se escapan de nuestro control.

Pero era fácil de ver, de asimilar, de reír, de recordar. Todo frente a una máquina de café: el típico que nunca lleva dinero para tomar el cortado, la que nunca sabe qué va a tomar, el que siempre pide lo mismo. Todos eran previsibles, pero, a la vez, sorprendían a los demás. Eran las mismas cosas de cada día, pero de una forma diferente.

Ambientado en un lugar donde se comparten los buenos y los no tan buenos momentos de toda empresa, de cualquier compañía. Allí se transmite la cultura no escrita de la empresa, de los que llevan cierto tiempo a aquellos que acaban de llegar. Es esa información que no está en los manuales de formación ni de acogida. Es donde te dicen el cómo y el qué has de hacer. Entre café y café, te cuentan qué has de hacer en cada caso, de qué forma te debes comportar ante cada situación o en aquella reunión complicada.

Es algo que, por ejemplo, durante la pandemia echamos mucho de menos. Es el muro de las lamentaciones de los nuevos, el rincón del desahogo de los que llevan más tiempo. Sin este elemento simple, que cumple una misión oculta pero importante, las empresas que no disponen de esta máquina tan especial o no la valoran no saben la increíble labor que cumple.

Es lo que necesita una empresa para ser humana, para ser real. Para que todo lo que se ha de conocer entre los diferentes empleados y miembros de una misma compañía sea explicado y vivido. Es el único lugar donde un director general y una simple administrativa pueden hablar sin estrés, sin pensar en nada más que disfrutar de un café.

Porque, no lo olvidemos, a veces lo simple es doblemente bueno. O eso dicen. Por eso, no por ser más grande, con más gama, con más referencias, ni van a ser mejores las cosas ni se va a vender más.

No por hacer más reuniones interminables se habla más y mejor. No por trazar planes de acogida muy elaborados se hace un mejor aterrizaje en una empresa. Si tenemos muchos productos y referencias en un catálogo y solo se venden unos cuantos, no sirve de nada tenerlos de adorno.

Vendemos lo que vendemos, ¿para qué queremos más? Al final, lo que cuenta es lo que nos queda en la caja al terminar el día. Nuestros beneficios son los que mandan en nuestra economía. Por lo que, si te ofrecen una propuesta comercial corta pero rentable, no es un problema: es una solución eficiente para ser rentable.

La máquina de café es para resolver dudas, para ser quien eres, para saber qué esperas de los demás. Las gamas cortas son como los episodios de 6 minutos máximo: eficientes, divertidos, reales. Dicen lo que tienen que decir y punto.

No queramos series con 8 temporadas, con episodios de 1 hora y media, para que te duermas en el segundo y no acabes de ver todo lo de ese año.

Seamos prácticos, seamos realistas, tomemos los cafés que sean necesarios, pero valoremos cada sorbo. Como hay que valorar cada artículo que ponemos dentro de nuestras tiendas. Llenar ganchos vacíos para que los cubra el polvo no tiene ni sentido ni es rentable.

Acudamos a ese descanso de 5 minutos para airear nuestras mentes, para ser un poco más humanos. Que siempre queramos volver a ponernos un cortado descafeinado y que esto no nos impida volver a trabajar a toda máquina. Siempre pensemos en la importancia de la máquina de café.

 

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