Comercial Errante: «Cabin crew, despegamos»

Los agentes comerciales también nos jubilamos. Han sido más de 37 años de visitas, kilómetros, empresas, catálogos, muestras, ferias, jefes de ventas, directores comerciales…

Alguien muy cercano siempre me ha dicho que si no se sube a un avión no son vacaciones.

En pleno vuelo, con seis horas a 36.000 pies de altura. Destino a una nueva etapa, un nuevo reto, un nuevo proyecto. Sí, el Comercial Errante empieza con una nueva representación. Hay que vender, que eso lo lleva uno en el ADN. Pero esta vez no será máquina herramienta de nuevo, no. Ni herraje o cerraduras. Tampoco repetiría ruedas. Esta es una venta mucho más difícil. Un producto único, con registro de propiedad de esos que no te pueden copiar. Ni siquiera los chinos.

Voy a representarme a mí mismo, porque me voy a vender mi nueva vida de jubilado. ¡Por fin! No negaré que tenía unas ganas inmensas de llegar a este punto.

Alguien me preguntó preocupado, ¿y ahora qué vas a hacer con tanto tiempo?

Mi respuesta fue: “quiero hacer tantas cosas que me faltará”. La experiencia me dijo hace años que, llegado el momento, tuviera claro que hacer, cómo ocupar las horas, cómo pasar mi tiempo libre. Sueños de juventud que por fin voy a cumplir.

Siempre he dicho, y mantengo, que he disfrutado como nadie de mi trabajo por encima de todo. Probablemente a eso le debo tener una vida mejor que otras personas que tuvieron la misma enfermedad que yo. Si no le hubiera puesto valor, fuerza y coraje, me hubiera costado estar en silla de ruedas a estas alturas. Un trabajo movido, arriba y abajo, todo el día en el coche, con más kilómetros que un taxista. Eso me dijo una vez la doctora, la que me echaba la bronca por no llevar bastón.  Estoy por comprarme uno con empuñadora de plata, peruana, por supuesto.

Los agentes comerciales también nos jubilamos y siempre me juré que no seguiría con un par de empresas, para distraerme o por necesidad, que no sé si era el caso. Aunque probablemente sí. Creo que en un anterior artículo lo expliqué. Recién llegado al sector, entró detrás de mí un agente muy mayor, con su cartera deforme de llevar catálogos, los zapatos gastados de tantos kilómetros, la corbata antigua y la americana deshilachada en los puños. En ese momento, y con poco más de 27 años, me prometí que no sería ese viajante. Las botas, como dicen en el fútbol, hay que saber colgarlas a tiempo. En este caso, la maleta.

Han sido más de 37 años de visitas, kilómetros, empresas, catálogos, muestras, ferias, jefes de ventas, directores comerciales, financieros, los de marketing, el de producción, gerentes, propietarios, departamentos comerciales, el del almacén, los transportes… Todos dispuestos para que, al otro lado, tuviera lo que necesitaba la figura central, EL CLIENTE. Y lo escribo en mayúsculas porque sin él todos los demás no tenemos razón de ser. Por eso, sigo diciendo, el cliente es el eje central de cualquier relación comercial y siempre tiene la razón. Aunque a esto último siempre he añadido: siempre y cuando la tenga.

Gracias a todas las personas que durante estos años me han ayudado, apoyado, empujado para seguir. A todos los que me han levantado cuando me he caído, sin ellas y ellos fijo que no habría llegado hasta aquí.

No son mis últimas palabras como El Comercial Errante. De esto de escribir no me jubilo. Al contrario, seguiré, porque una de las aficiones que siempre quise poner en práctica es la de escribir. Y no se me debe dar mal. Perdón por las flores, pero en las despedidas más de uno me confesó que extrañaba estos artículos. Perdón por el impasse. Aunque la decisión era firme, no deja de ser un paso importante. Te das cuenta de que ha pasado mucho tiempo y de que queda menos.

Así que amenazo con seguir. Escribiré sobre vivencias con clientes, sin mencionar sus nombres, sobre historias con fabricantes, sin hacerles ni buena ni mala prensa y, por supuesto, tantas y tantas personas con las que me he cruzado todas estas décadas. Seguro que más de una y uno se verán en mis palabras. Seré benevolente siempre que pueda.

También me alimentaré de vivencias de compañeros y compañeras que siguen en activo. A vosotros, ánimo, que os queda poco. Y a los que recién se incorporan, sin miedo y ¡p’alante! Seguro que encontraremos historias de todo tipo y aquí las contaré.

Espero seguir contribuyendo algo al sector desde esta modesta sección.

El Comercial Errante… que ya no viajará de ferretería en ferretería, pero que seguirá siendo comercial. Los viajes, alguno explicaré, serán en otras latitudes.

Y cómo no, mi recomendación literaria. Esa es otra de las aficiones a las que podré dedicar mi tiempo libre, la lectura, de cualquier tipo. Al igual que la música, hay que encontrar la adecuada para cada momento. Uno que me traje de allí para aquí, que empecé y seguí en ese largo vuelo y que tengo a medias. Uno de mis autores, que me distrae y me saca sonrisas con sus locas historias.

Eduardo Mendoza, con su nuevo libro La intriga del funeral inconveniente. Curiosamente, una de las cosas a las que dedicaré el “tiempo libre” es lo que hace el personaje central de esta historia. Un practicante de periodismo en una loca y rocambolesca historia. Ahí les di más pistas de qué hacer cuando se supone que uno ya no tiene nada que hacer.

 

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